Conocí a Jesucristo mientras estudiaba psicología en la universidad. Un buen amigo me lo presentó un día con gran entusiasmo. Pero no solo eso, tuvo la dedicación de responder mis numerosas preguntas respecto a Dios, la Biblia y un muy largo etc. Admiré su sabiduría, la cual decía que provenía de ese Dios que tanto amaba y de Su “libro”, la Biblia, que él citaba con soltura. Además de preocuparse por mis inquietudes intelectuales, me mostró una amistad y preocupación genuina, limpia, paciente, generosa, firme, que hasta entonces no había conocido, y me conmovió.  Siempre que cuento mi historia, digo que hubo una persona que “me amó”, y a través de ese amor conocí el amor de Cristo.

 

 “El Libro”, que mi amigo parecía conocer tan bien y que yo conocía solo superficialmente, generó en mi una curiosidad tan grande como los textos de estudio de mi carrera. Pese a tener un pasado católico nunca experimenté esa fe ni amor por la Biblia, y allí comenzó mi búsqueda; quería entenderla, no sabía muy bien porqué, pero su atracción fue poderosa en mi, aunque siendo honesta… al leerla no entendía nada y mientras más buscaba respuestas, más preguntas me surgían. Este libro era un misterio.

 

Paralelamente, comenzó lo que hoy yo llamo “el rodeo”. Cristianos se me cruzaban por todas partes, donde quiera que iba alguien me hablaba de Dios. Hoy entiendo que era El quien me estaba llamando. ….pero la porfía es grande.

 

Mi vida no era que digamos muy ordenada ni tranquila. La verdad es que vivía en crisis existencial, siendo bastante liberal, experimentando vivencias que al final me marcaron y otras que me pusieron en serio peligro y de las cuales puedo decir que Dios me libró. Buscaba la seguridad básica, que todo ser humano busca, en los lugares equivocados y pagué las consecuencias de sostenerme en débiles pilares que se derribaron y me derribaron. Estaba perdida, pero yo no lo sabía. Así pasó un buen tiempo.
 
Un día, el verano del 2003, acepté la invitación de mi amigo para ir a su congregación. Ese fue el día en que “sentí el llamado”. Me presentaron a Jesucristo, comprendí el plan de salvación, y supe que quería conocer al Dios vivo. Entonces sentí ese temblorcito que solo los cristianos conocemos, y elevé la siguiente oración:
 
“Dios, no sé quién eres en realidad, ni siquiera sé si estás ahí o estoy hablando sola, pero si tú existes realmente, entonces YO QUIERO CONOCERTE. Si tú eres verdad, si tú me creaste, YO TE ENTREGO MI VIDA, TÓMALA, Y LLEVAME POR EL CAMINO QUE TU PENSASTE PARA MI”
 
Ese día yo nací de nuevo. No puedo evitar emocionarme al recordar ese momento.
 
A partir de allí sucedió una de las señales más patentes que tengo de mi conversión: “vi”. Tal como el ciego que Jesús sanó y cayeron escamas de sus ojos. Comencé a entender, comprender, empatizar, podía hacer relaciones que antes no se me habrían ocurrido, y esto fue más evidente al estudiar la Biblia ¡¡ahora si entendía!! Pero veía todavía más, las clases de mis profesores, los libros que leía y los textos para mis pruebas, todo comenzó a vincularse con los pasajes bíblicos que iba estudiando. Parecía que Dios estuviera guiando mi estudio en la universidad, pues cada nuevo estudio bíblico que realizaba se me “revelaba” en las clases. Mis cuadernos de cada ramo comenzaron a llenarse de versículos bíblicos que se atropellaban en mi cabeza mientras los profesores hablaban y que yo anotaba por la orilla de las hojas. No puedo describir la adrenalina que sentía en clases, “¡pero si esto está escrito en la Biblia”! pensaba, mientras escribía y escribía extasiada.
 
Comencé a buscar cristianos en la universidad, y encontré a GBU, el Grupo Bíblico Universitario, y descubrí que ¡la universidad estaba llena de cristianos! Já, no lo podía creer. Seguía en éxtasis. Asistí por primera vez a una de sus reuniones, que curiosamente realizaban en una sala de la Facultad de Filosofía (si había un lugar ateo en el Campus era esa facultad). Cuando entré percibí un clima taaan distinto al clima de mi curso y mi facultad entera, cálido, amoroso, me recibieron muy amablemente, todos parecían buena gente y se respetaban. Estaban sentados en círculo con sus biblias y había un chico que dirigía el estudio, era el jefe de núcleo de ese año. El me dio la bienvenida, me presentó al grupo y me hizo sentir muy acogida e integrada. Lo maravilloso es que jamás, pero jamás, jamás hubiera imaginado que muchos años después, ese joven… sería mi esposo… ¿¿ ¡¡No son maravillosos los caminos Dios!!??
 
Junto a otros universitarios cristianos crecí en la Palabra y en amistad. Participé en actividades evangelísticas, asistí a diferentes encuentros, vigilias, seminarios y charlas en distintas facultades, donde conocía más cristianos que, como yo, anhelaban conocer más de Dios. Conocí a mis mejores amigos en GBU, los que conservo hasta hoy; nos reuníamos a cantar, a orar, a comer y reírnos, y éramos los únicos que con guitarra y panderos cantábamos canciones cristianas en los pastos del Campus, en medio del humo de marihuana que abundaba en ese lugar.  Conocí las iglesias de cada uno, colaboraba en ellas y hacía más amigos y conocía más de Dios y de su Iglesia.
 
Sin duda, fue una de las épocas más felices de mi vida.
 
Pero no todo fue alegría y éxtasis. No hice más que convertirme y mi familia comenzó a derrumbarse. Las grietas ya estaban, era cosa de tiempo, pero ese año que me convertí, sucedió. Un doloroso, largo y agotador proceso comenzó en mi y en mi familia. Mi pilar fundamental, que era mi familia, se había quebrado y posteriormente cada pilar en el que me afirmé fue quitado dolorosamente. Me quedé sola. Sola con Dios. Muchas cosas pasaron que no entendería sino hasta muchos años después. Conocí la mayoría de los sentimientos negativos que se pueden sentir: soledad, ira, abandono, desesperación, culpa, impotencia, conocí ese dolor que desgarra el alma. Lo cierto es que ese camino lo recorrí con Cristo, y fue allí donde El sembró en mí el llamado que tengo hoy: la RESTAURACIÓN.
 
Cuando recibo a un paciente en la consulta, la mayoría de las veces percibo sus sentimientos rápidamente. Sintonizo con el dolor que lo aqueja, pues de alguna forma yo los experimenté. Lo veo. Y me atrevo a afirmar que es esa empatía lo que resulta más terapéutico para ellos. Dicha empatía Dios me la dió caminando.
 
Hoy miro atrás y no puedo creer lo esclava que fui; me maravillo al ver de todo lo que El me ha librado y hasta dónde me ha traído. Se que aun no termina conmigo, no se qué vendrá mañana, pero confío en que siempre me llevará de su mano.
 
No tengo dudas de que fue Dios mismo quien preparó el camino de mi profesión, tanto en lo académico como en lo experiencial. Me guió por un camino hacia mi propia LIBERTAD, y ahora puedo guiar a otros, acompañarlos en su propio camino. Fue doloroso, pero lleno de frutos. Fue un camino donde lo conocí a El, más profundamente que en cualquier otra época de mi vida, donde aprendí de su Palabra y recibí un llamado, tan claro y tan suyo, pues está relacionado con su iglesia. Al titularme, decidí dedicar mi trabajo a los cristianos, específicamente me enfoqué en su restauración a través de la atención clínica y dictando charlas en iglesias. Me lancé con una fanpage en Facebook con el nombre de “Psicóloga Cristiana”, sabiendo que eso significaba tirar por la borda cualquier posibilidad de tener pacientes no cristianos e incluso podía significar no tener pacientes; pero no podía hacer otra cosa, o hacía lo que tanto anhelaba hacer o nada. Dios me ayudaría. Para mi sorpresa se abrió un mundo, comenzaron a llegar cristianos de distintas iglesias enfrentando las más diversas problemáticas y vi la necesidad que tenían de restauración de la mano de una profesional que los comprendiera en su fe. Vi a Dios guiándome en todo momento.
 
MI LLAMADO Y MI MOTIVACIÓN:
Luego de todos esos años conociendo congregaciones y variedad de cristianos, atendiéndolos, escuchándolos, estudiando las Escrituras, y experimentando mi propia liberación de muchos errores tanto personales como también doctrinales, he podido conocer muchos de los problemas que aquejan al pueblo de Dios y los errores cometidos al interior de las iglesias, que generan o mantienen esos problemas.  Veo a un pueblo herido, que muchas veces desconoce los principios bíblicos fundamentales y basa su vida cristiana principalmente en interpretaciones vagas y personales de las Escrituras. Asimismo veo un pueblo que tiende a rechazar el conocimiento proveniente de otras fuentes que no sea la Biblia, como los de las ciencias de la salud, ignorando por lo tanto cómo funciona el ser humano tal como Dios lo diseñó. A raíz de todo ello toman decisiones que los llevan a esclavitud ya sea física, mental o emocional, en vez de a LIBERTAD.
 
Maltrato, violencia, adicciones, depresión, ruptura conyugal y familiar, son solo algunas de los problemas que también se encuentran dentro de las iglesias, lo sé porque hasta hoy casi todos mis pacientes han sido cristianos, y ¿qué descubro con ellos? Que la mayoría de las veces existe: 1) una justificación bíblica detrás de sus problemas. Me refiero a doctrinas erróneas, interpretaciones descontextualizadas de ciertos pasajes, ignorancia de los principios generales que Dios nos dejó en su Palabra para vivir en esta tierra, o 2) Ignorancia de cómo funciona el ser humano y su relación con otros. Es decir, no saben cómo cuidar su cuerpo, su salud y procurar el bienestar suyo y de su entorno. Ambas razones obedecen a la ignorancia de las Escrituras y también de la Ciencia, que no es otra cosa que el conjunto de conocimientos específicos para cuidar la CREACION de Dios, incluido el hombre.
 
«Mi pueblo perece por falta de conocimiento»: es la inquietud que Dios ha puesto en mi corazón, y la «restauración» es mi llamado.
 
Desde que Dios me llamó cuando recién era una estudiante, Él le dio un vuelco a toda mi vida, incluyendo mi carrera. La familia y el matrimonio se convirtieron en mi foco de estudio, y el pueblo cristiano en mi centro de interés y preocupación.
 
El anhelo que ha puesto en mi corazón es de contribuir a «sanar la tierra» del pueblo de Dios, proceso que yo misma he vivenciado, y el de compartir lo que he aprendido sobre el funcionamiento del ser humano desde la investigación psicológica y desde las Escrituras, mostrándoles que el conocimiento científico no se opone a los principios bíblicos, más bien los confirma.
 
Esta es mi historia y el motivo de este sitio, donde sinceramente espero ayudarles a tomar decisiones que les lleven a vivir la LIBERTAD a la que estamos llamados en Cristo.
Les invito a conocer lo que tengo para entregarles
 
Bienvenidos.

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