
Lo prometido es deuda. Esta es la continuación del primer artículo que escribí sobre salud. Si no lo has leído aun te recomiendo que lo leas antes AQUÍ y luego vuelve… te espero…
Ok, comenzaré por lo básico. Cuando vas al médico por cualquier dolor o molestia ¿qué exámenes suelen pedirte casi indefectiblemente? Si, de sangre. Exámenes de sangre para todo, casi cualquier patología o mal funcionamiento en el organismo se detecta por la sangre, pues allí se sabe cómo están tus defensas, hemoglobina, la tiroides, tus hormonas, minerales, proteínas, vitaminas, niveles de glucosa, colesterol, si hay infecciones o estás embarazada, entre muchísimas otras. Básicamente el examen de sangre de una persona responde a la pregunta de “cómo va su vida”.
Y es así literalmente. Sangre y vida podrían ser sinónimos. Esta expresa el estado de la vida de una persona, la calidad de su sangre refleja necesariamente la calidad de su existencia. Tan estrecha es la relación sangre-vida, que preguntarse por una nos llevaría a la otra necesariamente. Incluso, si te pregunto cuál es la parte más importante del cuerpo seguramente me dirás que “el corazón”. Bueno, precisamente este órgano que está en el centro de nuestro organismo tiene un único y poderoso propósito: bombear sangre. Cuando vemos una persona inconciente, la primera medida de auxilio es tomarle el pulso, es decir, verificar que el corazón está bombeando sangre. La vida o la muerte de la persona dependen de ese bombeo de sangre porque………¿Por qué?
La vida de la carne en la sangre está
¿De verdad es taaan importante la sangre como para considerarla sinónimo de vida y de calidad de vida? ¿En qué radica su importancia?
Te cuento:
La sangre es un torrente de líquido vivo, que fluye por todo el cuerpo a través de un circuito de canales complejo (venas, arterias y vasos capilares), y digo “líquido vivo” porque está compuesta por los glóbulos rojos, glóbulos blancos y plaquetas que son células vivas con funciones específicas. La sangre cumple 3 labores fundamentales en nuestro cuerpo:
1-. Transporta hasta los tejidos del cuerpo toda la materia prima que necesitan para vivir
2-. Defiende al cuerpo de organismos patógenos (enfermedades)
3-. Defiende al cuerpo de su propia pérdida (tapa heridas y lesiones).
Si falla una de estas 3 funciones nos encontramos primero ante una mala calidad de vida, luego ante la enfermedad, y eventualmente la muerte.
Todos queremos vivir, pero no solo eso, queremos tener “vitalidad”, es decir, tener la energía y salud suficiente para desarrollar nuestra máxima capacidad, hacer lo que queremos, alcanzar nuestros objetivos y metas de vida disfrutando de ello. Es decir, queremos tener una “buena calidad de vida”, y en definitiva cuando te preguntas por ¿cómo vivir?, en realidad te estas preguntando por esto último: cómo vivir bien, cómo hacer que tu vida exprese su máximo potencial. Eso es lo que tú quieres, lo que todos anhelamos. Queremos VIVIR esta vida.
¿Qué es vivir? Muchos se lo han preguntado, y no pretendo competir con los grandes filósofos y eruditos de la historia que han intentado responder a esta pregunta, pero basada en un “análisis de sangre” quiero compartirles mi humilde conclusión:
La vida: Nutrición
En primer lugar, la sangre transporta el oxigeno que respiramos al resto del cuerpo. La sangre es bombeada en primer lugar a los pulmones, donde el oxígeno que respiramos se disuelve en el plasma sanguíneo y los glóbulos rojos tienen la función primordial de transportarlo al resto del cuerpo. Luego la sangre recoge el dióxido de carbono del cuerpo y lo lleva a los pulmones para que sea eliminado al exterior. Es decir, cada parte del cuerpo respira a través de la sangre.
En segundo lugar, la sangre contiene hormonas (segregadas por glándulas especializadas) que controlan muchos procesos importantes del cuerpo como la utilización de los alimentos (nutrición) y el crecimiento del cuerpo. Lo que comemos, una vez digeridos, pasa a los tejidos del cuerpo, las células utilizan las sustancias nutritivas para funcionar, renovarse y multiplicarse (crear nuevas células). Cada parte del cuerpo, los dientes, la piel, los músculos, los huesos, todo recibe la materia prima para vivir por medio de la sangre.
La vida: Higiene
En tercer lugar, la sangre contiene los desechos de las células, que fluyen de los tejidos a los vasos capilares. Ciertos órganos en otras partes del cuerpo retiran de la sangre esas sustancias químicas dañinas. Por ejemplo, los riñones extraen los desechos y ayudan a regular el nivel de sal y agua en la sangre. El hígado también mantiene la calidad de la sangre eliminando las sustancias químicas perjudiciales y liberando sustancias nutritivas como combustible para producir energía. Es todo un sistema de limpieza del organismo que funciona sincrónicamente.
La vida: Defensa
En cuarto lugar, el cuerpo posee una poderosa estrategia de defensa, hecha a medida para cada agente invasor que ingresa al organismo: el sistema inmunitario, y esto ocurre en la sangre. La sangre contiene las defensas del cuerpo ante los patógenos: los glóbulos blancos. Al ingresar un invasor patógeno al cuerpo, los glóbulos blancos lo detectan y lo devoran. Pero a veces estos se reproducen a mayor velocidad de lo que pueden ser devorados, así es que mientras tanto otros glóbulos blancos reconocen al invasor por contacto y forman anticuerpos para crearnos inmunidad contra la enfermedad. Estos anticuerpos específicos atacan a ese patógeno en particular y esta acción acaba por liquidar al enemigo completamente. Es decir los glóbulos blancos tienen dos funciones principales: 1) reconocer elementos peligrosos en el cuerpo y 2) destruirlos.
La vida: Restauración
En quinto lugar, en la sangre se encuentran las plaquetas, células que también defienden al cuerpo, pero en este caso, la defensa es contra la pérdida de sangre.
Ya sabemos por conocimiento general que frente a un herido lo más importante es que “no pierda sangre”, pues el cuerpo solo admite una cierta cantidad de pérdida antes de morir. Bueno, el cuerpo está abastecido de un mecanismo protector ante posibles pérdidas de sangre. Trabajando en combinación con las proteínas del plasma, las plaquetas tapan el escape de la sangre de los vasos cuando están rotos. El objetivo es mantener la sangre (la vida) dentro del cuerpo. Ante una herida primero sangramos, la sangre fluye por el tejido roto, el tejido lesionado libera sustancias químicas, los vasos se hinchan para estrechar la abertura, y comienza el complejo proceso de la coagulación.
Normalmente las plaquetas fluyen libremente por un vaso sanguíneo, pero cuando un vaso se lesiona, las plaquetas se adhieren a la superficie rota y luego unas a otras formando una pared. En poco tiempo forman un tapón flojo, y mientras tanto las sustancias químicas del tejido lesionado activan una serie de reacciones químicas que resultan en la formación de fibras duras de proteínas. Como es inevitable que lleguen bacterias a la herida, los glóbulos blancos van a atacarlas. Finalmente la herida se cierra y sana.
¿No es maravilloso? ¿No es maravilloso el cuerpo humano y cómo se desarrolla la vida en él?
Este torrente contiene las 4 características que permiten a un sistema vivir: NUTRICIÓN-HIGIENE-DEFENSA-RESTAURACIÓN. Son estas cuatro acciones una respuesta a la pregunta por la vida, porque son las acciones que preservan la vida. Un sistema está vivo si tiene la materia prima necesaria para que cada parte del sistema pueda respirar y nutrirse, y así crecer; si además es capaz de liberar las toxinas que generan mal funcionamiento, si es capaz de identificar y defenderse de agresores externos que lo enfermará o matará, y si puede restaurarse ante lesiones y heridas que inevitablemente sufrirá.
Piensa en cualquier organismo vivo que estés cuidando en este momento, tus plantas o tus mascotas, por ejemplo. ¿Acaso para mantenerlas con vida no realizas precisamente estas 4 acciones básicas? Basta con que dejes de hacer una de ellas y enfermara o morirá. Tu mascota seguro tendrá muy mala vida o durará poco si no lo alimentas bien o si por falta de higiene a su cuerpo (o a su entorno, como en una pecera) se agarra una infección o se llena de parásitos, o si no lo defiendes del contagio de enfermedades, de elementos peligroso, o si no curas sus heridas.
Más allá del cuerpo
Creo firmemente que CUALQUIER COSA VIVA lo está porque es capaz de ejecutar estas 4 acciones en sí misma. Partiendo por el cuerpo donde la sangre realiza estas cuatro funciones que permiten la vida, también podemos extrapolar este principio al ámbito de las relaciones humanas, que pueden vivir, enfermar y morir según si cumplen o no estas acciones.
Una relación de cualquier tipo requiere NUTRICIÓN, es decir aquello que le permita “respirar” y “crecer”; las relaciones, al estar formadas por dos o más personas, pueden requerir nutrientes distintos, dependiendo de las necesidades de cada miembro, pero lo cierto es que requieren nutrirse. Cuidado, atención, espacio, tiempo dedicado uno al otro, compartir pensamientos y sentimientos mutuamente (intimidad emocional), contacto y cercanía (intimidad física) y toda clase de aportes, apoyo y ayuda (intelectuales, logísticos, creativos, etc.) son en general los nutrientes comunes a toda relación y deben darse en forma RECIPROCA, es decir sistémica, se nutre el sistema completo, no solo una de sus partes. Sin estos nutrientes para CADA PARTE, la relación va enfermando y pronto muere.
Al mismo tiempo, parte del cuidado de una relación es la HIGIENE, es decir, tener la costumbre de eliminar las “toxinas” que se van generando por la interacción entre ellos y con el medio ambiente; ejemplo de estas son los pequeñas faltas, disputas y molestias diarias que, si se acumulan, van toxificando la relación. Se requiere tener un hábito de higiene diaria para no permitir que una relación se contamine poco a poco con los desechos diarios: una buena comunicación donde “conversar” cada tema sea la norma, y donde se eliminen las interacciones dañinas, mantendrá la salud de la relación (escribí un artículo específicamente sobre esto acá).
La DEFENSA de agentes patógenos es otro factor necesario, y aquí quiero recalcar solo el que me parece más invasivo: los estresores externos (atentos porque mi próximo artículo de salud será sobre el estrés). Y al igual que la sangre, una relación viva es aquella que se defiende de las pérdidas, lesiones y daños, se auto-repara cuando aparece una herida, invierte parte de sus recursos en restaurar y sanar cualquier daño que amenace la vida de la relación. El “dolor” en una relación es muchas veces físico y obedece a los mismos principios físicos, algo se rompió, algo anda mal y duele, pero una relación se mantiene viva si en cada miembro existe la disponibilidad para invertir recursos en reparar, cuales glóbulos blancos y plaquetas que se dirigen raudas a la herida para curarla.
Esto mismo ocurre en sistemas humanos mayores, como los grupos y las organizaciones de todo tipo. Cuando entramos a una agrupación percibimos vida al interior del mismo si, aunque tenga problemas, se nutre constantemente, tiene patrones de comunicación “higiénicos”, sabe defenderse de aquello que lo envenena y pueden regenerar su estructura interna antes los daños y fracasos, en cuyo caso, la organización sobrevivirá; o por el contrario, percibimos que ese grupo está enfermo o incluso pronto a morir, porque “funciona mal o deficientemente”, y no se dan cuenta o no mejoran su sistema, algunos miembros están nutridos y otros no, falta reciprocidad en la inversión, hay mala administración de los recursos, etc. La calidad de la sangre refleja la calidad de la vida, y en este ámbito, la calidad de las 4 funciones sanguíneas aplicadas al grupo reflejan la calidad del grupo mismo.
Una sombra de lo espiritual
Pero no solo eso, hay otro ámbito más donde la sangre y la vida aparecen de nuevo estrechamente relacionadas. Todo lo que les describí al principio sobre la sangre parece extraído de un libro de biología, pero ¿saben? hay otro libro donde encontrarán tantas o más alusiones a la sangre: la Biblia.
La palabra “sangre” aparece 391 veces en la Biblia (reuniendo 6 traducciones), 298 en el Antiguo Testamento y 93 en el Nuevo Testamento. La palabra «cuerpo»: 227 veces. ¿No es curioso que en un libro tan “espiritual” se aluda tanto al cuerpo y la sangre?
La primera mención a la sangre se hace en el primer libro de la Biblia: el Génesis, cuando Caín mata a su hermano Abel y Dios le pide cuentas por la sangre, es decir la vida, de su hermano:
«Y él le dijo: ¿Qué has hecho? La voz de la sangre de tu hermano clama a mí desde la tierra»(Gen 4:10)
Posteriormente, encontrarán muchas citas similares, donde vida y sangre aparecen como sinónimos. Luego, al establecerse los sacrificios para la expiación de pecados del pueblo, Dios demanda la sangre de un cordero sin defecto, es decir, la vida se redime con vida. Y la culminación de los sacrificios expiatorios ocurre con el ULTIMO GRAN SACRIFICIO, la SANGRE DE DIOS MISMO es ofrecida en sacrificio para salvar la VIDA DEL SER HUMANO. Tuvo Dios que hacerse hombre a través de su HIJO JESUCRISTO para poder cumplir con la ley de que solo con sangre (es decir, con vida) se puede liberar de la muerte al pecador. Tuvo El mismo que bajar con el gran propósito de DERRAMAR SU SANGRE en la cruz por nosotros.
A partir de allí, la mención a la “Sangre de Cristo” es común, pues es ella la que salva a la humanidad y quien nos hace justos ante los ojos de Dios, no nuestras obras, no nuestros intentos por ser buenas personas, ni siquiera las enseñanzas y predicas de Jesucristo en la tierra, sino su sangre, la del Cordero puro y sin mancha que ya no expía el pecado, sino que QUITA el pecado del mundo. Fue el último Cordero, la última sangre derramada.
Pero no termina allí. Hay una última alusión a la sangre que está algo oculta, pero que yo veo y quiero compartirla con ustedes, pues revela una importancia mayor aun de la sangre, y es la principal razón por la escribí este artículo:
¿Qué viene después del sacrificio de Cristo? Cuando Cristo asciende luego de resucitar, promete que enviará a “alguien”:
«Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre» (Juan 14:16)
«Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho.» (Juan 14:26)
El Espiritu Santo es lo que recibe el creyente cuando recibe a Jesucristo en su vida, y ¿cuál es la “función” del Espíritu Santo?
Primero, revelarnos y recordarnos la Palabra, y quienes leen la Biblia saben que frecuentemente se compara la Palabra con el “alimento”, la Palabra de Dios es nuestra “comida espiritual”:
“Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios. (Mateo 4:4)
El Espiritu Santo es quien permite que esa Palabra realmente nos NUTRA, revelándola y recordándonos pasajes específicos ante situaciones específicas de nuestra vida. Noten la “especificidad” de esta nutrición, es decir, hace que los nutrientes contenidos en las Escrituras (el alimento) lleguen a partes específicas de nuestro ser, a eventos y preguntas específicas, en diferentes momentos de nuestra vida, enseñándonos “por zonas”, o por etapas o por temas, lo que Dios quiere mostrarnos frente a ese hecho particular que estamos viviendo. La Palabra nos nutre y nos hace crecer gracias a la acción del Espíritu Santo.
El Espiritu Santo también es quien «nos limpia». Bíblicamente hablando, no somos nosotros quienes nos purificamos de nuestros vicios, errores, egoísmo y maldad, sino la acción santificadora del Espíritu Santo que comienza en el creyente cuando se convierte. Es él (Y NO NOSOTROS) quien se encarga de nuestra HIGIENE espiritual. Cambia nuestro corazón limpiándonos de todo lo tóxico en nuestra vida en un proceso llamado “santificación”, que ocurre día tras día, y no se detiene.
Nos DEFIENDE de amenazas externas dándonos el poder para lidiar contra “los dardos del enemigo”. Dice “pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo…” (Hechos 1:8). Es por el poder del Espiritu Santo que podemos “hablar con denuedo la Palabra de Dios (Hechos 4:31), profetizar, usar la “armadura de Dios” (Efesios 6:10), predicar e incluso defender nuestra fe: “Pero cuando os trajeren para entregaros, no os preocupéis por lo que habéis de decir, ni lo penséis, sino lo que os fuere dado en aquella hora, eso hablad; porque no sois vosotros los que habláis, sino el Espíritu Santo. (Marcos 13:11)
Y esto es lo más hermoso. ¿Quién es el que nos RESTAURA cuando estamos heridos? El ESPIRITU SANTO!!! Bendito Espíritu sin el cual mi espíritu sucumbiría de dolor. No puedo evitar emocionarme cuando recuerdo de cuántas heridas me ha sanado, cuanto dolor ha disminuido con su acción sanadora. y ha sido El sin ninguna duda, porque se quién soy yo sin El, lo se perfectamente. “Nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo” (Tito 3:5).
Hermanos, El Espiritu Santo es la sangre espiritual que nos da vida, es el rio de agua viva que Jesucristo nos prometió:
“El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva. (Juan 7:38).
Me encanta la relación bíblica entre sangre, río o agua que fluye y el Espiritu de Dios. En el Antiguo Testamento de hecho hay una alusión a la sangre diferente a la vida misma, que es cuando Moises convierte el rio en sangre:
“Así ha dicho Jehová: En esto conocerás que yo soy Jehová: he aquí, yo golpearé con la vara que tengo en mi mano el agua que está en el río, y se convertirá en sangre.”(Éxodo 7:17)
¿Por qué no convirtió la tierra en sangre o el río en otra cosa? Asimismo, el Espiritu Santo es algo que es “derramado” sobre nosotros y es como un rio que fluye por todo el cuerpo de Cristo a lo largo del mundo, nutriéndolo, limpiándolo, defendiéndolo y restaurándolo. ¡Por eso vive!
Yo a la verdad os he bautizado con agua; pero él (Jesucristo) os bautizará con Espíritu Santo (Marcos 1:8)
En la Biblia la mención al cuerpo es tremenda, y sabemos que en el Nuevo Testamento el cuerpo simboliza a la Iglesia, es decir, a todos los creyentes que hay en el mundo, que Cristo es “la cabeza” del cuerpo, y cada uno de nosotros, los miembros de ese cuerpo, somos el templo del Espiritu Santo: ¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros? (1 Corintios 6:19).
El Espiritu Santo fluye a través del Cuerpo de Cristo, es decir de la Iglesia, al igual que la sangre: como un torrente vivo que nutre cada órgano, cada parte del cuerpo (es decir, a cada creyente), permitiéndoles vivir y ejercer su propósitos particulares en el lugar donde estén, en beneficio de todo el cuerpo. Es además el río que conecta a los cristianos entre sí y a todos con Dios Padre.
La sangre esparcida sobre las puertas del pueblo de Dios durante el Éxodo fue “señal de vida”, pues donde Dios viera la marca de la sangre, allí “no entraría la muerte”, como un preámbulo de lo que haría después con la sangre de su Hijo, declarando como “libre de la muerte espiritual” a todo aquel que tenga la sangre de Cristo derramada en él por fe. ¿Y cuál es el sello de que alguien recibió la sangre de Cristo? El derramamiento del Espiritu Santo sobre esa persona, la sangre espiritual que la nutre, lava, defiende y restaura.
Mientras estudiaba para escribir este artículo me conmovió darme cuenta que casi todo lo que Jesús hizo en la tierra se resume en: alimentar, sanar, quitar el mal, restaurar almas, todas cualidades sanguíneas, lo mismo que EL hace HOY por nosotros a través del Espíritu Santo, ¡POR ESO ÉL ES LA VIDA! Porque ¡ÉL ES LA SANGRE! la que nos da verdadera vida y en abundancia. Y ninguna de sus obras fue tan clara y explícita de su función vivificadora como resucitar muertos, es decir DAR VIDA. Si, Jesucristo lo hizo, nadie más lo ha hecho en la historia de la humanidad: resucitó a otros y resucitó El mismo: EL ES LA VIDA. Y es asombroso cómo dejó plasmado en el plano físico, en la sangre corporal que sustenta la vida terrenal, la esencia de quien es El, sus cualidades vivificadoras. Tal como todo lo que Dios creó en la tierra representa de alguna forma el plano espiritual; esto lo revelan muchas veces las Escrituras, que la realidad física (lo que vemos) es una “sombra” de la realidad espiritual, la verdadera realidad.
¡No es maravilloso! Es más que eso, es sublime.
Amados, ¿Cómo está vuestra sangre?
La sangre es la respuesta a prácticamente todo lo relacionado con tu vida. Tu sangre física en primer lugar es la que mantiene vivo y vital tu cuerpo, tu instrumento más importante; por lo tanto cuidarla es tu primera responsabilidad. La sangre requiere de materia prima para hacer su trabajo de darte vida: alimentos de buena calidad, aire, dosis de luz solar (incluidos los rayos UV), actividad diurna (ejercicio), reposo nocturno (sueño y descanso).
Velar por la calidad de tu sangre implica también liberarla de venenos: toxinas como exceso de alcohol, azúcar, grasas y fármacos, la nicotina, drogas, etc. Tú tienes el poder de mejorar o empeorar la calidad de tu sangre y con ello la calidad de tu vitalidad física, la base para todo lo que hagas. Cualquier mejora que quieras hacer en tu vida parte por aquí.
Y más allá de tu cuerpo, ¿cómo está la calidad de tu vida? ¿Cómo están tus relaciones significativas? Tienes el poder de inyectarle vitalidad a tus relaciones poniendo en acción las 4 funciones sanguíneas que sustentan la vida; es lo que se llama CUIDAR. También tienes el poder de dejarlas enfermar y morir por no nutrirlas adecuadamente, por dejar que se intoxiquen o por no reparar los daños causados. Tienes la facultad de dar vida o dar muerte a ese nuevo cuerpo que forman tú y esa persona especial, o a ese cuerpo que formas tú en agrupación con otras personas particulares para trabajar por un fin específico. Lo mismo se aplica al resto de tus creaciones a las cuales quieras dar vida, como tu negocio o emprendimiento, tus proyectos familiares, profesionales, artísticos, etc.
Y por supuesto, lo más importante, no olvides que hay otra sangre sin la cual no vivirás completamente ni eternamente, la de Cristo y el Espíritu Santo que El te dejó para permanecer en ti, búscala y empápate de ella como si de ello dependiera tu vida…porque lo cierto es que sin ella estás muerto, pero con ella, aunque mueras, vivirás. “Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá” (Juan 11:25).
Si no la tienes, PÍDELA:
«Yo os digo: Pedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá….Pues si vosotros siendo malos, sabéis dad buenas dádivas a vuestros hijos ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan?» (Lucas 11: 9-13)
Nutre tu sangre espiritual con la lectura y estudio de la Palabra (la comida espiritual), oxigénala y desintoxícala orando, y el resto lo hará El, el Espíritu de Dios sabe bien cómo hacer su trabajo en ti.
En conclusión, la vida física, relacional y espiritual depende de la sangre, cada una requiere tu especial cuidado y atención si quieres desarrollar tu máximo potencial en esta vida, en definitiva, si quieres VIVIR. Cuida tu sangre y estarás cuidando tu vida.
Soy María Luisa Contreras, y espero contribuir a mejorar la calidad de tu vida. Comenta y comparte esto si te ayudó, y si quieres saber sobre mi puedes hacerlo AQUÍ.
Que Dios bendiga tu VIDA
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3 Comments
Muy buen articulo. Gracias por compartirlo.
Querida Mary, me encantó tu escrito, estoy muy agradecida de tener la oportunidad de leerlo…
Es maravillosa tu capacidad de pasar de lo natural a lo espiritual, relacionar incluso!. Como linkeas en un escrito algo desde lo físico, en la necesidad de: Nutrir, Mantener limpio, Defender y Restaurar, a lo espiritual en lo que el Espíritu Santo hace en nosotros… Muchas gracias!, me hace descansar en que Su Espíritu Santo trabaja en mi vida áreas que aun ni podría alcanzar en mi limitada humanidad…
Asi es Vivi! Creo que es exactamente el efecto que debe tener esta información en nosotros: descansar en su función, saber que el Espíritu Santo sabe hacer su trabajo y está preocupado de cada zona de nuestras vidas, que solo nos toca hacer nuestra parte, alimentarnos con la Palabra y orar….y sería todo, porque El tiene el poder para usar esto para mantenernos con vida. Es muy alentador.
Gracias por tus palabras y por compartirlas aquí.
Un abrazo