Reunión de profesionales cristianos en la crisis: El llamado de Jeremías.

En la foto, de izquierda a derecha: Carla Vivanco (psicóloga), Luis Litardo (médico), Emmanuel Muñoz (psicólogo), Román Zamorano (psicólogo), María Luisa Contreras (psicóloga), Carolina Toledo (psicóloga), Alejandra Acevedo (abogada).

El dolor por la violencia y desestabilización de mi país me ha calado el alma, como a muchos. Ya uno tiene sus dolores, pero sumar el dolor de un pueblo pesa tanto que, al menos yo, corría el riesgo de sentirme derribada. 

Como psicóloga se que sólo había una salida para mi: CONSTRUIR, el antónimo de «derribar», que es el verbo que me estaba dominando. 

 

El pasado sábado 23 de Noviembre nos reunimos varios profesionales cristianos en pos de una idea y un sentimiento común: aportar con nuestros conocimientos en la crisis social que atraviesa el país.

 

Fue el resultado de una convocatoria que yo hice, con el objetivo de conectar nuevas mentes y nuevos corazones que estén preocupados por el bienestar de la gente, para generar ideas sobre cómo «ocuparnos» de construir, reparar, y sumarnos a los cambios siendo útiles.

 

La conclusión de esta reunión fue una idea que pronto les compartiré, cuando esté listo el comunicado oficial. Se que otros se están moviendo en la misma dirección y se que Dios nos está uniendo con un llamado especial.

Chile está en crisis y como toda crisis constituye una transición. Las transiciones pueden ser hacia abajo o hacia arriba, hacia la decadencia o hacia el crecimiento, dos caminos que se presentan delante de nosotros CADA VEZ que enfrentamos una CRISIS, ya sea personal o social. De nosotros depende que la transición sea hacia arriba, una OPORTUNIDAD para dejar atrás el lastre, los vicios que llevamos a cuestas por años y construir algo nuevo, lo que verdaderamente queremos ser. En mi corazón, y se que en el de muchos ciudadanos, está el anhelo de aportar y de utilizar la destrucción para construir algo nuevo.

 

Hay una canción que escuché en mi infancia en la iglesia donde asistía (católica en ese entonces) y que me marcó desde muy niña; por alguna razón quedó grabada en mi corazón y mi memoria, y desde ese entonces hasta hoy arde mi corazón cuando la canto; desde pequeña fue como un himno para mi…me atrevo a decir que es un canto que Dios implantó como un llamado personal en mi corazón de niña. Hoy, enfrentada a una de las crisis más perturbadoras no solo en lo social, sino también en mi vida personal, este canto me quema; en particular este fragmento:

“Te encargo a mi pueblo para arrancar y derribar;

para edificar destruirás y plantarás

La destrucción prepara la tierra para el cambio, sobre las ruinas se levantan nuevas y renovadas construcciones, para sembrar se requiere arrancar la maleza y para nacer de nuevo se requiere morir. Es un principio, la destrucción es parte de la vida. 

 

Quiero que sea así en mi vida, y quiero que sea así en mi país. No seré la misma, estoy creciendo a velocidad vertiginosa, y haré lo mismo por mi país, por la gente. Quiero ayudarles a crecer, y eso fue lo que me motivó a reunir a otros, que como yo, tienen un corazón ardiente por construir y aportar. Inicié esta convocatoria movida por el mismo pasaje que inspiro aquella canción, Jeremías 1:10

«Yo pongo mis palabras en tus labios. Hoy te doy plena autoridad sobre reinos y naciones, para arrancar y derribar, para destruir y demoler, y también para construir y plantar.»

Son las palabras que Dios entregó a Jeremías, el profeta de un Nuevo Pacto que se escribiría “en el corazón” del pueblo, luego de la destrucción y devastación. El vivió durante un tiempo de cambios importantes entre los poderes del mundo con la caída de Asiria, la decadencia de Egipto y el ascenso del Imperio de Babilonia. Los reyes de Judá confiaban más en los acuerdos internacionales que en Dios y Jeremías tuvo el llamado y la misión de anunciar la Palabra de Dios para el pueblo en ese tiempo de crisis. El llamado de Jeremías me toca, y especialmente en el contexto de la oleada de cambios político-sociales que enfrenta Latinoamérica, y mi país en particular. 

 

Jeremías lloró y se lamentó por la devastación que se avecinaba y llamó al pueblo a arrepentirse y volverse a El, su salvador. Pero no lo hizo y la destrucción avanzó desolando al pueblo. Sin embargo, el mismo profeta que alertó sobre la destrucción, anunció también el plan restaurador de Dios. El no se olvida nunca de los suyos, piensa en ellos día y noche aunque estos se alejen de El, porque los ama, porque su amor supera su ira y decepción, aunque esté enojado por un tiempo, no puede olvidar a quien ama, simplemente porque su amor es más grande. 

 

«Con un poco de ira escondí mi rostro de ti por un momento; pero con misericordia eterna tendré compasión de ti, dijo Jehová tu Redentor.» (Isaías 54:8)

Miren lo que el mismo Jeremías profetiza luego de la destrucción y exilio de su pueblo, en el capítulo 31:

«Jehová se manifestó a mí hace ya mucho tiempo, diciendo: Con amor eterno te he amado; por tanto, te prolongué mi misericordia.
Aún te edificaré, y serás edificada, oh virgen de Israel; todavía serás adornada con tus panderos, y saldrás en alegres danzas…
He aquí yo los hago volver de la tierra del norte, y los reuniré de los fines de la tierra, y entre ellos ciegos y cojos, la mujer que está encinta y la que dio a luz juntamente; en gran compañía volverán acá.
Irán con lloro, mas con misericordia los haré volver, y los haré andar junto a arroyos de aguas, por camino derecho en el cual no tropezarán; porque soy a Israel por padre, y Efraín es mi primogénito.
Oíd palabra de Jehová, oh naciones, y hacedlo saber en las costas que están lejos, y decid: El que esparció a Israel lo reunirá y guardará, como el pastor a su rebaño

Dios tuvo misericordia de ellos y su misericordia fue eterna, porque a partir de ese evento anuncia formalmente el establecimiento un Nuevo Pacto eterno con Israel, y es eterno porque este pacto alcanzaría también a todos los que creerían en el Mesías más adelante, es decir, a los cristianos de hoy; en otras palabras, ese pacto que fue anunciado ese año por boca del mismo Jeremías nos incluyó a nosotros, a ti y a mi, María Luisa. No es maravilloso!

 

 

La destrucción fue dolorosa y no se justifica la violencia de Babilonia contra Israel, pero ahí dice que Dios estaba en control, que El mismo juzgaría a Babilonia por eso, pero que aun así fue parte del plan. Dios usa nuestros errores para crear algo nuevo, nuestros pecados y desobediencias para enseñarnos a cuidarnos más, para fortalecer la intimidad con EL. Dios todo lo usa para nuestro bien, está dicho una y otra vez en la Biblia.

 

 

¿Acaso no has notado que después de tus más grandes errores, de tus más graves pecados, de tus mayores daños a ti mismo y a otros, has terminado en tu mayor conexión con El hasta ese momento?

 

 

La desolación antecede a la renovación, si lo buscamos a El para reconstruirnos, porque El vivifica, es la sangre que permite la vida, que evita la muerte, la decadencia.

 

No debemos temer a la destrucción, ni social ni personal; lo que es, es; nuestra labor es aprender de eso y crecer. En lo personal, no me permitiré decaer, me aferraré con uñas y dientes a quien me rescató una vez y lo continúa haciendo pese a mis errores y debilidad (y lo hará muchas veces más). Aunque vea destrucción y llore por eso, pido a Dios las fuerzas para construir a pesar de todo, para no perder las esperanzas de aportar, para pensar que si es útil lo que haga por ayudar, escribiendo esto por ejemplo…alguien lo leerá, y a alguien fortalecerá, aunque sea a uno.  

 

La reunión que organicé, llamando a quienes conocía para que se conozcan entre ellos y juntos generar ideas para CONSTRUIR en la crisis social, es parte de mi propio proceso personal de crecimiento, mi propia terapia para soportar la crisis. Dio frutos de unidad, cooperación, amistad, y quien sabe…si todo resulta esto dará un fruto mucho mayor. Lo anunciaré en esta página y en mi página de Facebook cuando se lance oficialmente (www.facebook.com/psicologacristiana). 

 

 

Por ahora, les comparto mi amado canto, el llamado de Jeremías, y con ello les comparto mi corazón de niña, donde El instaló “su voz que me quema dentro”. 

Escúchalo, tal vez sea un llamado para ti también.

 

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