Los 4 Jinetes del Apocalipsis…de las RELACIONES DE PAREJA

Hambre, guerras, terremotos ¿qué tienen en común? Su terrible poder destructivo. Tal vez por eso los principales investigadores sobre las relaciones de pareja decidieron colocarle este nombre a las 4 mayores señales destructivas de una relación, evocando los devastadores 4 jinetes del apocalipsis. Cada uno de ellos atenta contra toda seguridad básica para vivir (alimento, paz, estabilidad, etc.). Y es que la seguridad es también la base fundamental de las relaciones, especialmente la de pareja. 

No hay vida en la pareja sin seguridad física, emocional y de compromiso, y existen 4 patrones específicos de interacción que amenazan esta seguridad, consideradas por la mayoría de las investigaciones como las señales de peligro más importantes. Muchas parejas saludables caen en ocasiones en alguno de estos patrones, pero una vida en pareja llena de pequeñas interacciones negativas llegan a erosionar la seguridad y la intimidad en la relación, causando infelicidad o divorcio. 

Cuando una pareja se enfrenta a un conflicto despliega ciertas conductas para resolverlos, y las investigaciones en laboratorio con matrimonios muestran que puede predecirse la probabilidad de divorcio al estudiar si ellas utilizan o no las siguientes conductas para manejar sus conflictos:


PRIMER JINETE

INTENSIFICACIÓN o ESCALADA:

Se refiere a las conversaciones en las que una persona dice algo negativo y la otra responde algo más negativo aún, y así va volviéndose cada vez peor, cada vez más negativo e hiriente. ¿le resulta conocido cierto?. Es la respuesta más común y prácticamente todas las parejas hacen esto de vez en cuando, sin embargo, los estudios muestran que es más difícil que una relación funcione, es decir, que permanezcan unidos y felices, cuando estas llegan regularmente a la intensificación y se hieren mutuamente.

Hay 2 formas como la intensificación daña la relación: En primer lugar, dañando la seguridad emocional, lo cual es un gran problema, ya que la mayoría de nosotros quiere sentir a su pareja como la persona más segura del mundo, con la cual uno se puede relajar y sentirse apoyado; cuando dos personas tienen conversaciones donde generalmente explotan en enojo y frustración, ambos sienten todo lo contrario al relajo y la comodidad con el otro. En segundo lugar, la mayoría de nosotros cuando estamos enojados decimos cosas que lastiman. Algunas personas dicen que en las peleas se expresan los verdaderos sentimientos, pero la mayoría de las veces esto no es así, sino que la gente intenta defenderse atacando a la otra persona y casi siempre se arrepiente de las cosas que dijo mientras estaba enojado. Lamentablemente, es muy probable que el otro recuerde los comentarios hirientes que se lanzaron durante la pelea, gestándose así una inseguridad para ser receptivo y confiar en esa persona en el futuro.

La manera de evitar la intensificación es ponerle freno cuando está comenzando. Es tan simple como pensar que al estar enojado no hay mucho que puedan decir o hacer para mejor la situación conflictiva. Al contrario, es más lo que se puede hacer para empeorar las cosas. Detenerse y tomar un receso momentáneo es lo mejor que ud puede hacer en esos momentos para evitar empeorar las cosas. En terapia de pareja, enseño la técnica del Tiempo Fuera para frenar la escalada, una herramienta útil y eficaz tanto para manejar la ira en una discusión como para fomentar el conocimiento mutuo. El principio de esta técnica es la prevención de la escalada, identificando las señales tempranas de malestar y aprendiendo a detenerlas ANTES de que crezcan.


SEGUNDO JINETE

LA INVALIDACIÓN

“¿Eres tonto?”, “Payaso”, “no sabes hacer nada bien”, “ya te pusiste histérica”, “hablas puras tonteras”, “poco hombre”.

¿ha escuchado frases así desde su pareja? ¿las ha dicho ud? Bueno, aquí lo que hay es un patrón en el cual la pareja, en forma directa o indirecta, menosprecia los pensamientos, los sentimientos o el carácter del otro. Algunas veces tales comentarios, intencionalmente o no, disminuyen la autoestima de la persona atacada. La invalidación destruye el sentido de seguridad que necesitan las parejas; lastima la relación al hacer que la otra persona se sienta faltada al respeto. Hay quienes piensan que invalidar a alguien no significa hacer daño en realidad, y otras piensan que solo se trata de decirle “la verdad” al otro y ser “honesto”. En realidad no es así, las palabras pueden causar heridas profundas y socavar la autoestima, especialmente si provienen de nuestros seres queridos. Es un mal que nadie se merece y debemos evitar a toda costa.

Una razón frecuente por la cual decimos cosas hirientes a nuestra pareja es porque cuando nos sentimos enojados o heridos, el instinto natural es querer desquitarse. Pero si nos dejamos llevar por ese instinto natural y herimos a nuestra pareja le estamos demostrando que NO es seguro estar con nosotros. El resultado será que la próxima vez que se aproxime un conflicto, el instinto natural será desconfiar, se activará el sistema de alarma en el cerebro y este se preparará para la huida o el ataque, con lo cual ninguna resolución sana del problema será posible. La seguridad emocional se ve inevitablemente quebrajada, no hay confianza para abrir el corazón, confiarle al otro los pensamientos y emociones más profundas, despierta el temor a ser herido, el temor al otro. Si la invalidación se vuelve crónica la relación está destinada a la infelicidad y el fracaso.

Es serio, tratar mal a otra persona es serio, más aun cuando se trata de la persona que está más íntimamente vinculada a nosotros, porque el daño es mayor y sus secuelas son duraderas. Las acciones negativas tienen mayor peso sobre alguien que las acciones positivas. Una acción negativa daña a tal punto la seguridad relacional que se requieren decenas de acciones positivas para compensarla y no siempre el daño es reparable. Las acciones positivas son importantes en una relación, pero al ponerlo sobre una balanza, es mejor tener pocas acciones positivas pero ninguna negativa, a tener muchas acciones positivas, pero salpicada con negativas. En otras palabras, cuidar la relación implica esforzarse más en eliminar las conductas hirientes, que en acumular gestos positivos, pero acompañadas de invalidaciones, insultos y faltas de respeto.  

Cuando se den cuenta que quieren herir a su pareja no lo permitan, tomen un breve descanso aunque sea solo por un momento y relájese. Puede retirarse al baño o tomar aire en el jardín, pero dedique un tiempo para respirar profundamente como una estrategia mínima de relajación. También le ayudará pensar en que detrás del enojo o mal comportamiento de su pareja seguramente hay sentimientos heridos, y esto le hará ser más compasivo y controlar el impulso de contraatacar.

En todo caso, no hay que confundir “tomar un tiempo para relajarse” con “huir del conflicto”, que es la tercera señal de peligro de la comunicación.


TERCER JINETE

LA HUIDA:

Es la falta de voluntad para discutir temas importantes. ¿Le ha pasado que necesita tratar un tema delicado y que genera mucha tensión con su pareja, pero esta rápidamente sale del cuarto o se concentra en hacer otra cosa? ¿o dice “si” a todo y rápidamente afirma que están de acuerdo para no seguir discutiendo? Estas son algunos ejemplos de cómo las personas huyen de los conflictos en vez de afrontarlos con su pareja. La huida puede ser tan clara como levantarse, salir y dejar hablando a la otra persona, o sutil, como permanecer callado sin poner atención durante la discusión.

¿Por qué huye la gente?

Las personas se distancian o huyen por muchas razones, como por ejemplo, por sentirse incómodos con el conflicto, porque les preocupa que la pelea se vuelva física y prefieren evitar llegar a los golpes, porque no quieren cambiar, porque ya han discutido muchas veces el tema y no se resuelve, etc.

Generalmente ocurre que es el hombre el “evitador” y la mujer quien “persigue” hablar, aunque no siempre es así. Se puede identificar fácilmente al “evitador” porque es quien frecuentemente se queda quieto o en silencio durante la discusión, sin intenciones reales de entrar en ella.

La evitación por sí misma no es el único problema, sino que además frecuentemente tenemos interpretaciones negativas sobre porqué el otro se retira de la discusión o porqué el otro no quiere retirarse. La razón por la que el evitador evita y el perseguidor persigue es lo que piensan sobre el otro. Ejemplo:

El piensa: “Pareciera que ella quiere pelear todo el tiempo ¿no podemos tener un día de paz y tranquilidad?”, es decir, él piensa que ella busca la discusión y el conflicto.

Mientras que ella piensa: “Él nunca quiere hablar conmigo ¿por qué no se abre? Yo no le importo”, es decir, ella piensa que ella no es importante para él.

Estas interpretaciones sobre lo que significa la conducta de la pareja solo añaden más conflicto, generando un círculo vicioso: él evita y entonces ella “sube el volumen”, o ella trata de obtener una respuesta con más fuerza y entonces él con más fuerza intenta alejarse.

Pero ¿qué está sucediendo realmente? Quien persigue la discusión no quiere pelear, sino que quiere “conectarse” con su pareja. El evitador, en cambio, no desea arrancar de su pareja, sino que desea arrancar del conflicto.

Cuando las parejas poseen pocas habilidades de comunicación no logran resolver pequeños y grandes conflictos diarios. Estos se acumulan y dejan de comunicarse posteriormente, dificultando aun mas su resolución en el futuro, dando como resultado la evitación de los mismos. Es por ello que el antídoto contra la huida es mejorar la comunicación de pareja. La huida atenta contra la seguridad emocional en la relación, socava la intimidad aislando a cada miembro de la pareja en su propio mundo, sin posibilidad de sacar a la luz los verdaderos sentimientos, pensamientos y necesidades de cada uno. A la larga, la relación se vuelve distante y vacía, causando insatisfacción, infidelidades y/o separación.


CUARTO JINETE

INTERPRETACIONES NEGATIVAS:

Se refiere a asumir un supuesto negativo e injusto acerca de lo que su pareja está pensando. Creo que esta es la más frecuente causa de conflicto entre las parejas y en cualquier tipo de relación. Todos nos explicamos a nosotros mismos lo que significan las palabras o acciones del otro. Si tu pareja dice “te amo”, pero crees que no es así y solo lo dice para obtener algo a cambio o manipularte, entonces estás interpretando negativamente dichas palabras. O si te dice que “deberías comer menos grasas”, tú puedes decidir que esas palabras significan que te encuentra obeso(a), que ya no le resultas atractivo(a) o incluso que no quiere estar más contigo, en vez de elegir pensar que se preocupa por tu salud y teme perderte por un infarto.

Incluso las omisiones pueden interpretarse negativamente. Por ejemplo, si le estás diciendo algo a tu pareja, pero esta no responde, podrías interpretar que está ignorándote o incluso invalidando lo que estás diciendo. ¿Cuántas veces nos hemos enfrentado a esta situación cotidiana e interpretamos negativamente? Y ¿cuántas veces hemos sido injustos? Resulta que al buscar corroborar nuestras hipótesis (interpretaciones negativas) preguntándole al otro si escuchó o si comprendió lo que acabamos de decir, nos damos cuenta que nuestra pareja sencillamente estaba distraída y no escuchó que le hablábamos, y que en realidad está muy interesado en escucharnos. Tomando este ejemplo, si nos guardamos nuestras interpretaciones sin corroborar lo que el otro “en realidad está pensando”, podemos caer rápidamente en una bola de nieve de interpretaciones negativas donde incluso podríamos cuestionar el amor que el otro siente por uno.

Cuando en una situación lees más de lo que realmente hay, es mucho más difícil afrontar el conflicto o desacuerdo constructivamente. Las parejas que han cimentado su relación con suposiciones negativas sobre el otro tienden a ser más dañinas y por ello es crucial que al iniciar una relación se detecten a tiempo las interpretaciones negativas que van surgiendo. En natural que cuando dos personas comienzan a estrechar el vínculo exista poco conocimiento mutuo al que echar mano para interpretar las palabras o acciones del otro, por ello es aquí cuando surgen más fácilmente los “supuestos”, es decir, hipótesis sobre lo que significa tal o cual acción del otro y que, si no son corroboradas, van formando una imagen falsa e injusta sobre este.

En mi experiencia, son dos los factores que ayudan a lidiar con los pensamientos negativos que surgen al principio de la relación, e incluso en parejas que ya llevan tiempo interpretando al otro negativamente: 1º decidir pensar positivamente, 2º pedir y dar explicaciones. El primer paso es una elección, la de pensar bien sobre la pareja (los beneficios de pensar bien sobre algo o alguien están más que comprobados, incluso aplicado a los niños). El segundo paso es el de ampliar el conocimiento mutuo entregando información sobre uno y solicitando al otro información suya, lo cual es sumamente importante para lograr la seguridad emocional (confianza, conexión e intimidad). Se trata de PREGUNTAR qué está pensando o sintiendo el otro en dicha situación, a fin de conocerlo realmente; también se trata de EXPLICARLE voluntariamente a la pareja lo que yo estoy pensando y sintiendo al respecto, a fin de que me conozca realmente. Dar explicaciones NO ES MALO, este es un mito; al contrario, dar y solicitar explicaciones respetuosamente sobre una conducta que está causando confusión o dolor es la única forma de conocer la verdad sobre la situación, para evitar leer entre líneas o hacer supuestos injustos sobre la otra persona. En la medida que surgen los desacuerdos o conflictos, el darse explicaciones mutuas aporta nueva información REAL sobre el otro, contribuyendo al conocimiento de cada uno.

“No se puede amar bien lo que se conoce mal”, por lo tanto el conocimiento del otro es la meta cuando de amar se trata. Las explicaciones contribuyen al conocimiento, mientras que las interpretaciones y supuestos a la ignorancia. 

«No se puede amar bien lo que se conoce mal»

                En resumen, la escalada, la invalidación, la huida y las interpretaciones negativas arrasan cuales azotes apocalípticos en las relaciones íntimas cuando se vuelven habituales, y lo hacen destruyendo los pilares básicos de la seguridad en la pareja.

Reconocer estas 4 señales de peligro es el primer paso para enfrentarlas, y es mejor hacerlo al inicio de una relación, ya que es más fácil trabajar sobre ellas cuando están surgiendo y no se han consolidado como patrones de interacción recurrentes. En este sentido, mi recomendación es que las parejas jóvenes, novios o pololos, sean diligentes en identificar las señales de peligro y pidan ayuda profesional si es necesario en esa primera etapa. Sin embargo, todas las relaciones pueden mejorar sin importar el tiempo que lleven juntos ni cuan arraigadas sean estas conductas; esto debido a que los mismos investigadores de parejas que sintentizaron años de estudios en estos 4 patrones destructivos principales, han diseñado estrategias para contrarestarlos, validadas empíricamente y de alta efectividad.

Las estrategias específicas para eliminar estos patrones se utilizan en terapia de parejas y consisten esencialmente en ejercitar la «conversación segura», un tipo de interacción guiada donde es imposible incurrir en las 4 formas destructivas de comunicación. Una vez instaurada la técnica y los principios subyacentes, las parejas pueden comunicar sus pensamientos, necesidades y conflictos protegiendo la seguridad de la relación, evitando las interacciones negativas y aprendiendo nuevas formas positivas de expresarse.

¿Hay señales de peligro en tu relación? Si consideras que necesitas ayuda (aun cuando tu pareja no vea el problema) busca ayuda para restablecer los pilares de la seguridad en tu relación y mejorar la calidad de vida de ambos. Nadie merece perder tiempo de su vida en relaciones tóxicas, destructivas y dañinas, y si la tuya se parece a una ¡toma el control! No te dejes llevar por la inercia. sino que toma decisiones que te lleven a libertad, identificando el problema como primer paso, y buscando ayuda si es necesario.

Markman, H. J., Floyd, F. J., Stanley, S. M., & Storaasli, R. D. (1988). Prevention of marital distress: A longitudinal investigation. Journal of Consulting and Clinical Psychology, 56(2), 210-217.

Markman, H.J., Renick, M.J., Floyd, F., Stanley, S., & Clements, M. (1993). Preventing marital
distress through communication and conflict management training: A four and five year followup.
Journal of Consulting and Clinical Psychology, 62, 70-77.

 

Suscríbete

¿Quieres recibir una notificación de mis próximos artículos? Deja tu correo en la casilla de abajo:

Comparte este artículo

Sígueme en mi Redes Sociales:

Recommended Posts

No comment yet, add your voice below!


¿Te ayudó? ¿Tienes sugerencias?

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.